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Join Date: Jan 2006
Posts: 34
vaina is an unknown character at this point
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voila un de mes commentaire de texte ; j'y ai mis le texte que j'avai a commenté en dessous en cas d' imcompréhension
merci Pepe es el dminituvo de jose lo que nuestra que autor / narrador y jose se conocen bien El diminutivo viejecito nuestra el apego del autor por pepe Podemos dividir este texto en cinco parafo En effecto ; linea 1-9 presentacion de los abueletes L10-19 el flechazo entre los dos ancionos y su decision de casarce y vivir juntos 20-24 presentacion del barrio sus ancianos y su decision de casarce y vivir juntos 20-24 ns cuenta una anecdota que occurio en el barrio 32 al final = la reaccion de la gente durante la noche El autor hace una description fisica de los ancianos y hablaba de su estado de salud Es una pareja insolita fuera de lo comun parque son diferentes El segundo parafo , en autor nos cuenta el flechazo de luiza por pepe cuando ya era viejos La carrera de los ancianos Era como si empazaran nuna nueva vida , como si fueran jovenes o adolescentes L20-24 nos habla de las caracteristicas del barrio donde decidieron vivir. Es un barrio apacible donde la gente no suele comunicar parece egoista , individualiste L25-35 la gente no estan egoista como podiamos mensarlo L32- l gente no es egoista sino reservada porque cuando la gente pensara que pepe u luisa tuvieron un problema , la gente se siento concernido para los problemes de pepe y luisa La locution « sin embargo » linea 25 vienne a matisar lo dicho anterioramente En efecto la gente no rea tan egoista como podiamos pensarlo Ademas , no egoista sino, reservada Los habitants se sintieron concernidos por la possible degracia de pepe y luisa Al final ; tenemos la reaccion de los habitantes cuando se vieron congregado delante de la casa de pepe y luisa La accumulation de adjectivo en este parrafo nuestra la molestia y la verguenza de los habitantes voila mon commentaire et voila le texte titre : Los dos abueletes Tengo unos vecinos que se llaman Luisa y Pepe. Son unos viejecitos encantadores, sin hijos, cerca ya de los ochenta. Luisa es una castellana de pelo blanco, menuda, siempre sonriente, educadísima, a la que uno se encuentra por el campo paseando a su perra una salchicha de pelo duro andarina y apacible, o muy precavida al volante del coche, yendo a hacer la compra o a buscar los periódicos. Porque Pepe, el marido, no conduce. Está hecho polvo, y los años se le notan. Es un gallego muy flaco, alto, de cabello abundante y canoso, que sale con zuecos de madera a tomar el sol. Como pareja, es una de las más insólitas que conozco. Porque Luisa es catedrática jubilada de Filología, y Pepe es teniente jubilado de la Guardia Civil. Se conocieron en una residencia de abueletes. Pepe, viudo, quedó fascinado por los ojos azules, la vivacidad y la ternura de aquella simpática viejecita soltera, que había dedicado su vida a las lenguas clásicas y seguía desayunándose con Jenofonte y cenando con Apolonio de Rodas. Pepe no era demasiado instruido, pero a Luisa la sedujo su elegante delgadez, la bondad de su honrado corazón celta, la sencillez con que contaba fragmentos de su vida de hombre de acción: La guerra civil de marinero en el Canarias, la difícil postguerra, la larga carrera desde abajo, como picoleto chusquero, hasta retirarse como jefe de puesto, con el grado de teniente. Se quedaban charlando hasta las tantas, iban siempre juntos a todas partes, y ocurrió lo que tenía que ocurrir: se enamoraron como zagales. Así que, tras darle vueltas al asunto, decidieron casarse, dejar la residencia y buscar una casa en la sierra de Madrid. Y aquí siguen. Ella con sus trabajos filológicos, sus monografías y sus libros: Amor omnibus idem y todo lo demás. Él cultiva el jardín y da cortos paseos al sol cuando se lo permite su salud, que ahora es muy mala. No soy nada inclinado a la vida social, y hay vecinos que saludo desde hace quince años sin saber todavía cómo se llaman. Ni falta que me hace. Pero Luisa y Pepe me caen tan bien que siempre charlo un rato, me intereso por los trabajos de ella o le pregunto a él por los años de juventud, aquel bombardeo atrapado en un pañol del Canarias, o cuando andaba por la sierra con zamarra, boina y naranjero, combatiendo al maquis. Fue la época más dura de su vida: monte, nieve, escaramuzas y peligro, donde a veces el cazador se convertía en cazado. Como quienes los han vivido de verdad, Pepe sabe hablar del miedo y del sufrimiento con naturalidad, sin darles más importancia que la que tienen como parte de la vida. Lo del maquis fue su gesta personal; le gusta recordar, y siempre detecto en su voz admiración por el coraje de los hombres y mujeres contra los que combatió. Cuando encuentro libros sobre esa época se los regalo, y él los lee aunque cada vez le cuesta y tarda más y luego me los comenta: La sierra en llamas, de Angel Ruiz Ayúcar. Luna de lobos, de Julio Llamazares. Maquis, de Alfonso Cervera. Los dos viejecitos viven solos, y todo el mundo los conoce y aprecia en un lugar donde la gente hace vida a su aire y se ocupa poco de los otros. Tal vez por eso me gusta este sitio: porque hay silencio, hay árboles, y, si no das confianza, nadie viene a pedirte sal ni a invitarte a una barbacoa. Aquí te puedes morir tranquilo, sin pelmazos y sin visitas. Hasta don José, el páter, a quien a veces encuentro comprando el pan y charlamos sobre escribas y fariseos, sólo acude a darte los óleos si los pides con mucha urgencia. Sin embargo, la otra noche ocurrió algo especial: estaba leyendo en el jardín cuando oí la sirena de una ambulancia, que al parecer se había detenido frente a la casa de los dos ancianos. Salí a toda prisa, pensando en la mala salud de él, en la soledad de ella. Y, para mi sorpresa, comprobé que todos los vecinos, absolutamente todos, se habían congregado allí dispuestos a echar una mano. Por suerte no era Pepe; la ambulancia estaba detenida en la casa de al lado. Entonces nos miramos unos a otros, sorprendidos, confusos, arrancados de pronto a nuestro egoísmo natural, a nuestra reserva. Por un instante nos vimos bajo un aspecto mejor, o diferente. Esforzados, tal vez. Solidarios en una inesperada causa común. Casi buena gente. Luego, un poco avergonzados, nos saludamos en voz baja y regresamos despacio cada mochuelo a su olivo. La luz de la ambulancia seguía lanzando destellos ante la casa de más allá. Pero Pepe y Luisa estaban bien, y esa era ya otra historia. Arturo Pérez-Reverte El Semanal 27 de junio de 1999 |
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#2 (permalink) |
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Junior
Join Date: Dec 2005
Location: España
Posts: 38
waxpa is an unknown character at this point
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Coucou Vaina:
Voila la correction: Pepe es el diminitivo de Jose, lo que muestra que autor / narrador y jose se conocen bien (l´auteur s´apelle Arturo)?? El diminutivo viejecito muestra el apego del autor por Pepe Podemos dividir este texto en cinco párrafos: En efecto ; linea 1-9 presentación de los abueletes L10-19 el flechazo entre los dos ancianos y su decisión de casarse y vivir juntos. 20-24 presentación del barrio, sus ancianos y su decisión de casarse y vivir juntos 20-24 nos cuenta una anécdota que ocurrió en el barrio 32 el final = la reacción de la gente durante la noche El autor hace una descripción física de los ancianos y habla de su estado de salud. Es una pareja insólita fuera de lo común porque son diferentes. En el segundo párrafo , el autor nos cuenta el flechazo de Luisa por Pepe cuando ya eran viejos La carrera de los ancianos Era como si empazaran una nueva vida , como si fueran jóvenes o adolescentes L20-24 nos habla de las características del barrio donde decidieron vivir. Es un barrio apacible donde la gente no suele comunicarse, parece egoista , individualista. L25-35 la gente no es tan egoista como podiamos pensar. L32- la gente no es egoista sino reservada porque cuando la gente pensó que Pepe o Luisa tuvieron un problema , la gente se sintió preocupada por los problemas de Pepe y Luisa La locución « sin embargo » en la linea 25 viene a matizar lo dicho anteriormente En efecto la gente no era tan egoista como podiamos pensar Además , no era egoista sino, reservada Los habitantes se sintieron consternados por la posible desgracia de Pepe y Luisa Al final ; tenemos la reacción de los habitantes cuando se vieron congregados delante de la casa de Pepe y Luisa La acumulación de adjectivos en este párrafo muestra la molestia y la vergüenza de los habitantes Bisous |
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