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Moderando expectativas
Por: Joel del Río
Las tribulaciones iniciáticas de un joven habanero, entre la partida de un ciclón y la llegada de otro, constituyen la esencia argumental de Entre ciclones, el debut en el largometraje de ficción del crítico y cineasta Enrique Colina.
En las angostas escaleras que conducen al quinto piso de un edificio centrohabanero, sito en la calle Vapor, entre Espada y Hospital, acontecieron ciertas escenas importantes de Entre ciclones, cuyo difícil rodaje está transcurriendo a 33 ó 35 grados de temperatura. Sin mayores dilaciones avanza la filmación de una película que ha despertado muy alto interés, a pesar de que su director y coguionista, Enrique Colina insista en tratar de moderar la temperatura de las expectativas.
El interés de muchos tal vez obedezca a la temática contemporánea del filme y al talento de los implicados (Mijail Mulkay y Mario Balmaseda como actores; Adriano Moreno, fotógrafo; Eliseo Altunaga, coguionista) o quizás se trate de la promesa tácita que constituye un largo de ficción firmado por el autor de tantos títulos memorables en el documental, o quizás de momento está actuando el cierto morbo de conocer cómo hace una película quien ha criticado tantas. Para evitar equívocos e incomprensiones posteriores, quisimos adentrarnos por un instante en el caluroso ojo del huracán, y conversar con el director, y algunos intérpretes, de esta nueva película cubana.
PROPÓSITOS DEL AUTOR
¿Cuáles son las claves que debe conocer el público para enfrentarse, dentro de cinco o seis meses, a tu película?
--"La película tiene un sentido general, universal: un muchacho joven, Tomás, empieza a trabajar, tiene un contratiempo con la vivienda, y trata de resolver su problema mediante las mujeres que conoce. Al mismo tiempo se le presentan determinadas confrontaciones en su experiencia laboral. Tomás proviene de un medio muy popular, con un hermano marginal, delincuente, y él no quiere compartir esa vida. Todo este proceso iniciático en la vida de un joven tiene un carácter universal, pero hay códigos muy nacionales, y existen diálogos, situaciones, que adquieren una significación más clara para quienes compartimos esos códigos, dentro de Cuba. Por ejemplo, un extranjero no representa lo mismo en Europa que aquí. Pero incluso quienes no vivan la realidad cubana podrán entender el fenómeno de la doble moneda u otros, sin caer en demasiados elementos explicativos..."
¿Ni tampoco derivarás al localismo, supongo?
--"Pretendo que tenga elementos universales, pero a lo mejor me quedo en el localismo. Mi propósito es trascenderlo".
Siendo una obra tuya, es casi seguro que habrá ironía, sátira, crítica a costumbres y a estados mentales... pero mi suposición se convalida solo si tú mismo precisas cuál será el género y las tesis de esta película.
--"Me interesa, a través de la historia específica y particular de este joven, plantear ciertas interrogantes que promuevan reflexiones en el espectador con respecto a nuestra realidad. Se trata de un joven, por lo tanto se está hablando de futuro. Estàn implícitos en esta historia problemas económicos y sociales, y también la crítica a determinadas actitudes de nuestra vida cotidiana, como bien se presupone a partir de los documentales que hice.
"Estas preocupaciones sobre cómo es la vida nuestra en la actualidad deberán promover la reflexión, pero desde el tono tragicómico. El personaje puede estar atrapado por las circunstancias, y también existen ciertas dudas e incertidumbres que nutren la concepción de esta tragicomedia. Hace años que se han sobrepasado los encasillamientos genéricos. El cine que más me ha interesado siempre ha sido el que contiene situaciones dramáticas que desembocan en algo cómico. Eso distancia al espectador pero le deja por dentro la dimensión dramática. Es algo muy difícil de hacer, pero ese es el buen cine que me gusta, esa es mi fuente de inspiración, la obra de Titón, por ejemplo. Ojalá sea capaz de hacer algo así, porque no estoy muy seguro".
Primero se anunció que ibas a rodar con técnica digital, al final tuvieron que hacerla en celuloide, ¿no crees que este cambio marque también transformaciones en la estética que te habías propuesto?
--"Por supuesto. Y en todos los órdenes, no solo estético, también desde el punto de vista de la producción, porque el digital me ofrecía una seguridad, posibilidades y comodidades mucho mayores para repetir y enmendar. Con celuloide no puedo hacerlo, porque dispongo de una cantidad de película que tiene que alcanzarme. Estoy, como se dice, contra la pared y jugándomela al Canelo".
¿Y el digital no hubiera favorecido también la experimentación con la imagen?
--"Me hubiera permitido hacer una misma escena desde dos o tres ángulos distintos, pero yo no tengo pretensión experimental con esta película. Estoy consciente que el cine es artesanía, y esa artesanía necesita oficio. Por más base o fundamento teórico que yo tenga, el aliento de ficción que impone esta película no tiene nada que ver con los cortos documentales ficcionados que he hecho. Lo más importante ahora es contar una historia, en los términos más clásicos que se pueda".
¿El crítico de 24 por segundo abogando por un cine clásico?
--"Primero, hay que arrancar para tratar de dominar el oficio, y después, veremos. En algunas escenas creo haber logrado lo que quería, otras no me gusta nada como han quedado, pero no tengo opciones. Ya me comí el pan. Confío embarajarlas en edición. Ya lo he dicho: no me inquieta que los críticos, o los realizadores, sean superexigentes con mi película. Tengo muy alerta mi termómetro para lo mal hecho, y me doy perfecta cuenta cuando meto la pata. Si no logro hacer la película que debía, pues que me caigan todos arriba. No pienso quejarme ni protestar".
Algunos estudiosos de nuestra identidad cultural colocan al ciclón como elemento iconográfico principal de la cubanía, junto con la ceiba y la palma, el ron y el tabaco, etcétera. ¿Incorporas también esta perspectiva?
--Efectivamente, hay elementos de cubanía que van a estar muy presentes: el solar, la Virgen de la Caridad del Cobre, el sentido del choteo, el blanco y el negro entremezclados; la película está muy marcada por la multirracialidad. Pienso yo que toda la historia de Cuba está marcada, metafóricamente, por lo que ocurre entre uno y otro ciclón, que arrasan y desbaratan pero también depuran la atmósfera.
¿Ves entonces al cubano como una suerte de Sísifo, batido con los huracanes en vez de empeñado en ascender eternamente con su carga a la espalda?
--No, ese es el destino del hombre, de la especie humana, no solo del cubano. Por eso te digo que la película va a intentar, en medio de su sentido humorístico y satírico, repensarnos y repensar nuestra vida. Sin querer decirte con ello que me proponga el trascendentalismo, ni mucho menos pienso que yo pueda decir la última palabra. Son solo algunas de mis inquietudes, que serán vertidas suavemente en esta película, quizás no con el grado de intensidad con que yo quisiera plantearlas, pero si llega una segunda oportunidad, a lo mejor va y lo consigo.
PRIMER PLANO (BREVE) A MIJAIL-TOMÁS
Incapaz de estarse quieto y con una broma perenne para todo el mundo, a pesar de la estresante canícula, Mijail Mulkay se ha convertido, por derecho natural y legal, en el alma de la película. Con solo 28 años, el actor cuenta ya con tres protagónicos en el cine cubano (Hacerse el sueco, Miradas y Entre ciclones) además de una considerable "hoja de servicios" en teatro y televisión. Lo que distingue a Tomás de sus anteriores caracterizaciones, es asunto que Mijail puede aclarar como nadie:
"Me interesó muchísimo este personaje desde que me lo propusieron. Al principio de lo que llamamos ´trabajo de mesa´, mientras hablábamos del modo en que iba a asumir este trabajo, me dijeron que buscara algún rasgo exterior que lo caracterizara. Yo no soy muy amigo de incorporar este tipo de elementos, porque me desagrada armar los personajes desde estos artificios. A veces esas cosas funcionan, pero esta vez, aunque parezca repetitivo y retórico lo que te voy a decir, preferí una actuación interior, de esas que consiga sacar afuera el alma del personaje, sin valerme de recursos ajenos a mí mismo".
¿Quiere eso decir que tienes alguna afinidad con tu personaje?
--Tomás nació, se crió y vivió gran parte de su vida en un mundo marginal, a pesar de lo cual es un buen ser humano. Su esencia bondadosa lo salva, porque él intenta salirse de ese ambiente, pero no depende solo de él y de lo que él quiere. Este ambiente escabroso que imponen los marginales está regido por la ley de la selva, la única ley que garantiza la supervivencia. De mí, tiene la honestidad, la valentía, pero no en el sentido trivial, sino que es capaz de arriesgarse, de luchar por salir de un medio para él inaceptable.
Pero Tomás hace concesiones...
--Todos las hacemos. Yo, tú y los otros. Eso es parte de vivir, porque en el juego de la concesión a veces ganas y a veces pierdes. Dice Abilio Estévez que vivir es ir perdiendo cosas, ir dejándolas en el camino. Tomás hace concesiones, pero quiere no hacerlas, y está todo el tiempo ante la disyuntiva de sentirse mal por lo que hizo. Sin llegar a ser moralista ni en exceso intransigente, es un tipo limpio, con principios. Tuve que buscar en lo mejor de mí para darle una base sólida al personaje".
Pareces sentirte muy a gusto con el modo en que está saliendo tu personaje.
--Yo nunca estoy totalmente a gusto, menos ahora que estoy en la etapa de la duda. En esta película he tenido más trabajo que en ninguna otra. Tiene 43 llamados y yo estoy en los 43. Cuando filmas mucho vas perdiendo la objetividad para juzgar lo que haces, y llega un momento en que no sabes bien si llegaste, si te pasaste o si no has llegado. La única manera de saberlo es cuando la veamos en la pantalla grande, dentro de unos meses.
MÓNICA SE LLAMA INDIRA
En la escena que vi rodar, Mónica sale a todo correr de su peluquería y, en plena escalera, recrimina a Tomás por perderse, por no estar, por desatenderla. Es alto el riesgo de juzgar una actuación en el set de filmación, pero la joven Indira Valdés me llamó la atención por su amplitud de recursos, profesionalidad y más que todo, por la altísima tensión, sin excesos, que le confiere a su personaje. Desde su graduación en el Instituto Superior de Arte, hace cinco años, hasta ahora, Indira hizo suficiente teatro como para ser considerada hoy mucho más que una neófita. Trabajó en algunas de las compañías más prestigiosas del país: Teatro en las Nubes, Argos Teatro y Buendía. Nunca había hecho cine, pero no faltan en su currículo importantes puestas en escena: La vida es sueño, Bacantes, y ahora está en el elenco de Otra tempestad, versión a partir de Shakespeare que pondrá en escena el grupo de teatro Buendía, bajo la dirección de Flora Lauten. ¿Por qué caminos arribó al cine?, en una pausa me contó:
"Llegué a esta película de una manera bastante complicada. Fui de las últimas que se presentó al casting (selección de reparto) para elegir la Mónica, pero no quedé en las primeras selecciones. Convencía al director como actriz pero no físicamente, estaba demasiado delgada y mi rostro no le parecía el idóneo. Finalmente, luego de que fallaron otras, pues me seleccionaron a mí, después de mandarme a engordar unas cuantas libras. No logré la exhuberancia que pedían, pero aquí estoy".
¿Querías hacer cine, cualquier película, o realmente te resultó afín el personaje de Mónica?
--"Hoy mismo le decía a Mireya Chapman (otra de la parroquianas fieles a la peluquería de Mónica) que yo siento que me estoy representando a mí misma, porque ella es una mujer de pueblo, muy cubana, celosa, trágica, conflictiva. Se va constantemente a extremos casi teatrales, al límite, y yo tengo un poco de todo eso. Más que un poco, un bastante. No nos parecemos solo en el detalle de que su vida es muy simple, y la mía es un poco más complicada, por mi trabajo, por el teatro.
¿Y por qué te parece tan simple la existencia de Mónica? A mí no me lo pareció cuando me leí el guión.
--"Te lo digo en el sentido de que ella vive demasiado obsesionada con Tomás y con quién anda y qué hace, en vez de prestarse más atención a sí misma. No me refería ni mucho menos al oficio de peluquera, que tiene su complicación como cualquier otro. Pasar el peine, hacer desrices, teñir pelo y pintar uñas al mismo tiempo no es cosa de juego".
¿Lo más difícil para moldear la imagen exterior de Mónica?
--"Yo soy delgada, y me costó trabajo lucir más voluminosa, con más senos y muslos, caminar de una determinada manera. Además, tengo que darle al personaje sabrosura, gracia, soltura y sensualidad. Y tantos ingredientes ya van complicando el asunto".
¿Cuál crees que será el significado de Entre ciclones en tu carrera?
--"Es mi primera película. Estoy aprendiendo y no creo que deba proponerme ahora grandes cosas. Es un buen momento, porque estoy incursionando en una manera de hacer desconocida para mí hasta ahora. Si queda bien, bárbaro, y si queda regular, cosa que no quisiera, de todas formas ha sido en lo personal una buena experiencia".
¿No cabe la posibilidad de que les quede mal?
--"No, nunca. No lo espero ni lo creo" -me responde con una risa sencilla, divorciada de toda petulancia. A personas como Colina, Mijail e Indira, tan conscientes de lo que aspiran y de los límites para lograrlo, es muy difícil que el porvenir los sorprenda desprevenidos. De cualquier manera, como estamos hablando también de imprevisibles fenómenos meteorológicos, vale desearles a todos lo mejor.
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